En medio del conflicto por el financiamiento universitario, docentes de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Tucumán expusieron la compleja situación que atraviesan. Con salarios que no alcanzan a cubrir la canasta básica, remarcaron que la precariedad laboral es "una constante histórica", pero advirtieron que el escenario actual es uno de los más críticos.
Adela Aybar, jefa de trabajos prácticos (JTP) en la cátedra de Radiología, explicó a LA GACETA que percibe alrededor de $700.000 mensuales por una dedicación de 20 horas semanales. “No pude desarrollar un consultorio como otros odontólogos, así que tuve que salir a buscar otras actividades”, contó. Su rutina incluye clases en un terciario de enfermería y diagnóstico por imágenes, talleres de arte donde enseña mosaico y un emprendimiento gastronómico en el que cocina para complementar ingresos.
“Voy piloteando la situación de esa manera”, resumió, al describir un esquema laboral fragmentado que combina docencia, formación técnica y actividades independientes.
En la misma línea, Juan Ángel Medina, docente de Farmacología con 35 años de trayectoria, aseguró que la necesidad de múltiples empleos no es nueva. “Nunca el salario ha sido lo suficientemente digno como para vivir exclusivamente de la docencia”, afirmó. Actualmente, además de su trabajo en la universidad, se desempeña en el sistema provincial de salud y atiende en un consultorio los fines de semana.
Ambos coincidieron en que el problema excede lo coyuntural. “Si ganamos $700.000 y la canasta básica supera el millón, es imposible llegar a fin de mes con un solo trabajo”, sostuvo Medina.
Sin embargo, el planteo más contundente apuntó a la naturalización de estas condiciones. “No hay que romantizar la precariedad laboral”, enfatizó Aybar. “Tener dos trabajos más y además un emprendimiento no es algo romántico, es una situación de necesidad”.
La docente también advirtió que las dificultades no solo afectan a los profesores. “La precariedad se ve en los alumnos: venden muffins, budines, trabajan como pueden para sostener sus estudios”, señaló, al describir un contexto en el que tanto docentes como estudiantes enfrentan limitaciones económicas.
Consultada sobre si se trata del momento más crítico de su carrera, Aybar fue categórica: “Creo que es el más crítico. Estoy buscando más horas, repartiendo currículum, porque no llego a cubrir mis gastos”.
Pese a este panorama, ambos docentes destacaron que continúan en la universidad por vocación. “Me encanta el vínculo con los alumnos. Formamos profesionales, y eso es clave para el desarrollo del país”, afirmó Aybar.
En ese sentido, insistió en la necesidad de políticas sostenidas: “La educación no es gasto, es inversión. Si no formamos profesionales, ¿cuál va a ser la fuerza laboral en una eventual reactivación económica?”.
Finalmente, defendieron la importancia de sostener el reclamo salarial y las medidas de fuerza. “Hay que seguir en la lucha para que seamos escuchados”, concluyó la docente, al tiempo que remarcó que mejorar las condiciones de la educación pública es fundamental para el futuro del país.